Aún a los 19 años, sin importar cuánto se extienda esta transpiración real, el instante este es el único y ya está terminado. Lo digo, ahora . qué es eso. Siendo las no sé cuántas horas que no importan. No necesito morir para ver que todo es un fogonazo que ralla con lo que nunca y que cada día (éste o aquél) ya se ha consumado. Lo sé desde antes. No hay antes.
El vértigo me lo sé desde ahora, desde siempre y para siempre. La cronología es un adorno constructivo de ficción, una potestad de artificio. Acá no hay tiempo, nunca lo hubo. Sólo hay una esencia-círculo, una rebanada amorfa, una displascencia de único latido, un todo fugaz ya vivo ya muerto.
El instante, todos los instantes.
En cada instante consumado, la consumación absoluta.
miércoles, 20 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario